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Drones del narc* vuelven al foco tras cierre aéreo en El Paso

De las avionetas de los 90 a tecnología satelital y explosivos

El cierre temporal del espacio aéreo en El Paso, Texas, reavivó la preocupación sobre el uso de drones por parte de organizaciones criminales mexicanas. Estos dispositivos se han convertido en una herramienta clave tanto para el trasiego de drogas hacia Estados Unidos como para tareas de vigilancia y ataques contra fuerzas de seguridad o grupos rivales.

Autoridades estadounidenses han advertido desde hace años sobre este fenómeno. En julio pasado, Steven Willoughby, subdirector del programa antidrones del Departamento de Seguridad Nacional, declaró ante el Congreso que los cárteles emplean estos aparatos prácticamente a diario para introducir fentanilo y monitorear a la Patrulla Fronteriza.

De avionetas a tecnología no tripulada

El uso del espacio aéreo para el tráfico de drogas no es reciente. En la década de los 90, Amado Carrillo Fuentes, líder del Cártel de Juárez, se hizo conocido por utilizar flotillas de avionetas para trasladar cargamentos de cocaína, lo que le valió el apodo de “El Señor de los Cielos”.

Tras su muerte en 1997, la operación continuó bajo el mando de sus familiares. Años después, se estimaba que una parte significativa de la cocaína que ingresaba a Estados Unidos cruzaba por esa ruta fronteriza.

El salto tecnológico llegó en la década de 2010. En 2010, México alertó a la comunidad internacional sobre el uso de aeronaves no tripuladas por parte del crimen organizado. Entre 2012 y 2014, autoridades estadounidenses detectaron al menos 150 incursiones de estos dispositivos en la frontera. Una década después, la cifra en zonas como el valle del Río Grande se contaba por miles, según reportes citados por organismos internacionales.

De vigilancia a ataques con explosivos

En 2021, el gobierno mexicano reconoció públicamente que grupos criminales comenzaron a utilizar drones con explosivos para atacar a fuerzas de seguridad, inicialmente en estados como Michoacán, Guanajuato y Jalisco. Aunque las cargas eran limitadas, la modalidad evidenció una nueva fase en la escalada tecnológica del crimen organizado.

Con el tiempo, el uso de drones se diversificó. Además de funciones de espionaje y monitoreo en tiempo real, algunos grupos adaptaron drones comerciales e incluso agrícolas para transportar explosivos o droga. Reportes recientes señalan que algunos dispositivos artesanales pueden cargar decenas de kilos, apoyados por sistemas de navegación satelital que permiten programar rutas y puntos de aterrizaje con mayor precisión.

La respuesta oficial

Ante este panorama, autoridades mexicanas y estadounidenses han reforzado sus capacidades antidrones. El Ejército mexicano opera equipos especializados en entidades como Sinaloa, Jalisco y Michoacán, mientras que algunos estados han creado unidades propias para contrarrestar esta amenaza.

En 2025, incluso se anunció la adquisición de drones artillados por parte de autoridades estatales en el sur del país para enfrentar a grupos delictivos que disputan el control territorial.

El reciente incidente en El Paso vuelve a poner sobre la mesa un fenómeno que ha evolucionado con rapidez: el uso del espacio aéreo mediante tecnología no tripulada como nueva frontera en la disputa contra el crimen organizado.

Información de AP