Decretos, emergencias y respaldo republicano marcan la expansión del Ejecutivo en EE.UU.
A un año de haber vuelto a la Casa Blanca, Donald Trump ha consolidado un ejercicio del poder presidencial más amplio y agresivo, apoyado en decretos, declaraciones de emergencia y un control casi total del Partido Republicano, mientras el Congreso —dominado por sus aliados— ha mostrado una resistencia limitada ante esta expansión.
Durante su segundo mandato, el presidente ha estirado los márgenes tradicionales de la Presidencia estadounidense, respaldado por un Gabinete de lealtad absoluta y un liderazgo republicano dispuesto a acompañar su agenda, incluso cuando esta invade atribuciones históricamente reservadas al Legislativo, los tribunales o los gobiernos estatales.
El analista político Ian Bremmer advirtió en la revista Time que, a lo largo de 2025, Trump ha reforzado la autoridad ejecutiva al límite de la legalidad, desplazando contrapesos institucionales y promoviendo una reconfiguración de la burocracia federal mediante la sustitución de funcionarios de carrera por perfiles políticamente afines.
Gobierno por decreto
Uno de los ejes de esta estrategia ha sido el uso intensivo de órdenes ejecutivas. En apenas un año, Trump ha firmado más de 200 decretos, acelerado cambios regulatorios y conducido la política exterior con escasa intervención del Congreso. Este enfoque ha fortalecido un Ejecutivo que ha ocupado espacios tradicionalmente compartidos con el Legislativo y los estados.
El mismo día de su toma de posesión, el mandatario firmó órdenes para suspender el programa de admisión de refugiados, endurecer restricciones migratorias y ampliar las facultades de los agentes migratorios, centralizando decisiones que antes requerían procesos más amplios. También impulsó recortes al tamaño del Gobierno federal y redujo de manera drástica la asistencia exterior, incluyendo el desmantelamiento de organismos como la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), sin aval legislativo.
Emergencias como herramienta política
Trump ha recurrido de forma amplia a los poderes de emergencia. Declaró una “emergencia nacional” por migración y tráfico de fentanilo para imponer aranceles a importaciones provenientes de Canadá y México, utilizando la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA). Esta misma figura legal ha servido de base para su ofensiva comercial contra diversos socios de EE.UU., sin autorizaciones específicas del Congreso.
Varias de estas medidas han sido impugnadas en tribunales federales y algunas ya han llegado a la Corte Suprema, que deberá pronunciarse sobre su legalidad.
Acciones militares sin aval legislativo
En materia de seguridad, Trump también ha marcado distancia de prácticas previas al ordenar operaciones militares sin notificar previamente al Congreso. Ataques contra embarcaciones presuntamente ligadas al narcotráfico en el Caribe y el Pacífico Oriental, así como acciones encubiertas en el extranjero, han sido ejecutadas sin autorización expresa del Legislativo.
El caso más controvertido fue la operación en Caracas que derivó en la captura y traslado a Estados Unidos del entonces presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, sin conocimiento previo del Congreso. Legisladores demócratas han denunciado un exceso en el uso de las facultades de guerra del Ejecutivo, aunque hasta ahora sin éxito para frenarlas.
Un Congreso alineado, con resistencias aisladas
La mayoría republicana en la Cámara de Representantes y el peso conservador en el Senado han permitido al presidente avanzar con bajo costo político, bloqueando mecanismos de supervisión y rechazando iniciativas para limitar el uso de emergencias y decretos.
Aun así, se han registrado episodios aislados de inconformidad, como disputas internas por el gasto público o reclamos bipartidistas por la falta de información sobre operaciones en el exterior. Sin embargo, estas tensiones no han derivado en una oposición sólida capaz de contener el fortalecimiento del poder presidencial.
A un año de su regreso, Trump gobierna con amplios márgenes de maniobra, en un escenario donde los contrapesos institucionales parecen debilitados y la concentración de poder en el Ejecutivo se ha convertido en el sello de su segundo mandato.
Información de EFE

